Soy la que soy...

Soy la que soy y...

A veces soy correcaminos y otras, en cambio, soy tortuga.

Danzarina inquieta y a la vez tranquila tal que, en ocasiones, no necesito zapatillas.  

Risueña a pesar de tantas penas porque camino por veredas que nadie se atreve a pisar por su apariencia desconocida y peligrosa como si de tierras movedizas se tratara y por las que podría ser absorbida hacia un fondo donde el caos, o la muerte, parece ser la única respuesta.

En algunos aspectos soy mariposa y en otros, por el contrario, todavía soy oruga.

Me gusta el horizonte sin final como camino donde siempre hay algo más allá y que nunca acaba, pero también me gusta acabar el camino que en tiempos atrás soñaba.

Puedo hacer piruetas si me lo propongo y méritos tengo con algunas proezas.

Me gusta cuando me asiento pero también cuando correteo libre, aunque no te confundas, no hablo de ser veleta, hablo de tener las dos polaridades que en tantas ocasiones se pelean queriendo ganar, o tomar el trono de mi vida, como si alguna de ellas no tuviera ya su sitio o de mi escapar pudieran.

A veces soy dama y otras tantas quisiera ser rebelde como esa niña famosa de las trenzas y con pecas pero, sobre todo, intento no hacer destrozos porque tampoco quiero hacer remiendos sólo que, como humana ingenua presa de la mundanidad (más veces de las que quisiera), me veo obligada a enmendar aquello que lastimar pudiera, o que lo haya hecho ya, no soy perfecta.

Desconocida de mi misma y de la vida como el pez desconoce el gran océano en el que se mueve pero procuro iluminar mi camino como libélula revoloteando por mundos oscuros en los que algunos quisieran detenerla porque les molesta y en cambio otros la acompañarían para protegerla.

Soy luz y oscuridad y ambas me cortejan ganando a veces una y otras la opuesta.

Vivo como puedo y busco seguir viviendo pero mejor…, porque eso es lo que quiero.

Soy la que soy…, pero eso sí, intentando mejorar la que seré

 

Paz Akua