Las cosas pueden parecer más difíciles por... (Extracto pag. 103)

Y ¿Cómo puedo darme cuenta de que me están tratando así?

Aprendiendo a conocerte y confiar en ti observando lo que sientes. La clave está en si estás muy apegado/a o dependiente de...

Y sobre la persona en sí, simplemente es alguien que nunca te escucha realmente. Muy amigo/a de dar consejos pero nunca sigue los tuyos. Estuvo oyendo lo que dijiste pero no te hizo ni caso, su opción es siempre mejor que la tuya. No acepta, o pocas veces, consejos tuyos. Tira siempre para sí y su opinión es más acertada que la tuya, como si fuera más valiosa, como si estuviera en posesión de la verdad absoluta. (*1)

Esto nos puede suceder a todos en cierto grado porque tendemos a creer que lo que vemos es la verdad absoluta, cuando en realidad, cada uno tiene su verdad. Lo que sucede es que, si lo veo fuera, lo tengo dentro. Todo el que lo vea está recibiendo su reflejo con la diferencia de que, unos lo impondrán fuera (exigirán a otros) y otros no.

Llevamos muchos siglos viviendo en una estructura social donde se ha faltado mucho al respeto de la persona en sí misma, a su individualidad, libre pensamiento y acción. Una estructura en la que el “control de…", es lo que importa y eso lo tenemos que trasladar a todos los campos, incluido el de la propia familia.

La ausencia de respeto hacia el “ser”, impide que nos veamos, aceptemos y respetemos tal y como somos. Cuando no creemos ni confiamos en nosotros mismos podríamos encontrarnos con que el trato que recibimos de otros no es el que realmente desearíamos y, en la mayoría de las ocasiones, no nos daremos ni cuenta o nunca nos  plantearemos si debemos permitir eso  ¿por qué? Porque desde nuestros programas y creencias que desconocemos (inconscientes), creemos que las cosas son así, simplemente las aprendimos. Cuando aprendemos algo sin discernir sobre “eso”, porque de pequeños no tenemos esa capacidad, no somos "nosotros mismos", solo absorbemos información. El cerebro necesita su tiempo para poder “cuestionar” las cosas que oye, ve, etc. Necesitamos razonar de forma coherente y, para ello, hay que discernir según “pensamos + sentimos”. Nuestro inconsciente lo graba todo pero no plantea si es correcto o no, éste no juzga, solo absorbe como una esponja.

Todo esto implicaría que podamos estar aceptando, permitiendo o consintiendo cosas que, si supiéramos otra versión más coherente con lo que sentimos realmente,…, no lo haríamos. Nos cuesta mucho seguir directamente, sin más, lo que sentimos porque no lo aprendimos y no le damos importancia. Aprendimos a ser controlados y nuestra mente se acostumbró a obedecer, a ser guiados, seguir a otros, etc., de tal forma que, la mayoría de las veces, anulamos nuestros sentimientos. De todo esto surge el gran auto-sabotaje que nos hacemos cada vez que intentamos cambiar algo en nosotros (me incluyo siempre en todo lo que escribo pues, si no lo viera en mí, no podría hablar de ello).

El que sabe no permite o consiente lo que otro sí…

(Mirar también mi artículo “¿Cómo me voy a rehabilitar emocionalmente si no aprendo a discernir?”

Pero la gran noticia dentro de todo esto que no nos gusta es que, si no lo aprendimos, podemos aprenderlo ahora.

(*1) - Hablo siempre de la personalidad y no de esa verdad absoluta que pudieran ser las leyes universales a las que todos, creamos o no, estamos sometidos.