Que nadie diga que no se puso ante los ojos y que no se dijo

Si arrancamos una flor porque nos gustó, conseguiremos nuestra ilusión y nuestro deseo de tenerla pero, en cambio, la flor perderá la ilusión de seguir siendo una bella expresión para todo aquel que sepa verla. Sentenciar a muerte lo que nos gusta, pues en pocos días perecerá. Cuando si la mantenemos en su tierra, la disfrutaremos por el tiempo que le pertenezca vivir...

El capricho del deseo egoísta y mal dirigido, por  y para el servicio de uno mismo.

Si el hombre no hubiera atrapado un primer pájaro, nunca un pájaro habría nacido en una jaula y nunca habría necesitado de nuestros cuidados. Empieza por el pájaro y sigue… la lista, seguramente, no terminaría nunca.

El ser humano hace con otros seres, lo que ellos no hicieron nunca con el ser humano. Y eso que somos seres inteligentes…

Pero, no es de extrañar que maltratemos la vida de otros cuando, continuamente, estamos maltratando la nuestra propia.

Nos creamos nuestras propias cargas. Somos responsables de nuestra inconsciencia y su base es la ignorancia, el peor de los males de este mundo. La ignorancia nos hace inconscientes de lo que pensamos, decimos y hacemos. Creemos más en lo que está fuera que en lo que está dentro cuando, en realidad, lo que hay en nuestro interior es inseparable y la base suprema de nuestra realidad. Y después no queremos que nos llamen “ciegos”.

“Quien quiera ver que vea, quien quiera oír que oiga. Pero que nadie diga que no se puso ante los ojos y que no se dijo”

Que cada uno sea responsable de poner luz en su camino y entre todos y la suma de todos ellos, iluminarán el mundo.

Yo soy la vida, yo soy el camino…