Feliz el alma, el corazón se abre

Para quienes no hayan vivido las festividades como tantos otros...

Hoy les escribo con todo el cariño que soy capaz con la poca, o mucha, comprensión que me representa y sin dejar atrás a los que están entre esos "tantos...", como pueden ser los seres queridos que todos tenemos.

Pero para vosotros que no lo habéis vivido como otros…, hoy os comparto este humilde escrito fruto de mi aprendizaje para transmitir lo que sí se puede conseguir y recordando primero que nadie es responsable de la vida del otro, dentro de la capacidad y posibilidad de elegir, obviamente. Sólo tú puedes elegir lo que quieres creer y alimentar con tus pensamientos, aunque te pueda gustar más lo que vivan otros.

Hoy me siento agradecida por haber sido capaz de desidentificarme de tantas cosas…, y ¿para qué?, para no regalarme más sufrimiento, y todo eso gracias a la salud y las circunstancias con las que la vida me enseñó cómo, a veces, podía sufrir sólo por querer vivir lo mismo que otros pero no podía y eso mismo lo observaba en muchas personas, en gran parte de la sociedad. Al final empecé a ver con más claridad lo que realmente quería vivir y que no tenía por qué ser lo que otros viven. 

Mientras…, sigo con mis oraciones profundas confiando…,  para ver cómo la vida es increíblemente amorosa y generosa cuando empiezas a conectarte con ella. Este año, en la mañana del día de reyes, recibí un regalo que no esperaba, la carta de una persona desconocida que tuvo la capacidad de recordarme esa parte de mí que estaba dejando de lado, mi luz y “me llenó el alma”.  Dios sabía lo que necesitaba mejor que yo misma. Gracias!, por esos mensajeros inesperados y maravillosos que somos todos, en tantos momentos de la vida.

Sé feliz con tu vida, sea la que sea, sin mirar la de otros.., y busca la forma de cambiarte si no te gusta, es el mejor mensaje que te puedo dar (al igual que me lo doy a mí misma) y, para ello, tienes que decidir en qué quieres creer mientras sigues adaptándote a la incertidumbre que anida en tu día a día.

La felicidad es un estado interno que se puede elegir, pero tienes que querer ser feliz y desengancharte de la tristeza engañosa (no natural) que se esconde detrás del drama diario y al que conozco de sobra porque quiere tenerme como desayuno muchos días…, pero “nunca es tarde si la dicha es buena”.

¡Feliz el alma, el corazón se abre!