Aprender a vivir

Aprender a vivir es como aprender a elegir


Perder el miedo a vivir se consigue viviendo y aprendiendo de las experiencias hasta que no tengas que repetirlas y empieces a elegir mejor.

Todos hemos vivido muchas situaciones en las que decidimos rendimos porque sabíamos que habíamos hecho todo lo que estaba en nuestra mano y confiabamos en que lo que tuviera que ser sería, y así fue.

¿No os ha pasado muchas veces que al rendiros…, dejar de preocuparos, cuando menos os lo esperabais algo pasó, algo cambió?

La forma de pensar de muchos de nosotros nos hace creer que es muy difícil cambiar aquello que está tan arraigado en nuestros pensamientos y, aunque no estemos felices y plenos, esta creencia consigue que sigamos ahí…, ya que no confiamos en poder hacerlo. Pero esto lo decimos desde el intelecto, la mente consciente que se encarga de la razón y sirve para los procesos lógicos pero no para la fe.

Entre la poca fe que tenemos y la creencia en la lucha, en el esfuerzo, el sacrificio y el sufrimiento..., tenemos la costumbre de dificultar las cosas más de la cuenta. Hacemos que todo sea más difícil de lo que podría ser en realidad. El problema de tener esta visión es que no nos atrevemos a casi nada porque ya damos por hecho que no puede ser porque es muy difícil y nos resignamos a lo que ya es. Preferimos conformarnos con los pensamientos mediocres antes que tener que superarnos a nosotros mismos y no nos atrevemos a dar pasos que podrían ser muy beneficiosos aunque para ello tengamos que romper una estructura de pensamiento basada en limitaciones más que en permitirnos ser un poco más libres… 

Es sabido que hay que aceptar primero para poder cambiar algo pero aceptación no es resignación ni estar de acuerdo. Rendirse tampoco es resignarse, es no luchar porque eso implica resistencia y lo que resiste persiste.

Cuando una situación nueva, o inusual, que vemos como peligrosa con la que nuestra vida se puede ver afectada en gran medida, tenemos miedo y, a veces, hasta pánico de lo que pueda suceder. Yo he vivido esa sensación y la vida me ayudó porque confiaba, sabía que lo que había decidido era lo que tenía que hacer, lo tenía claro y aunque tenía pánico y no sabía lo que podía suceder, lo hice igualmente.

Ser valientes y superar pruebas de confianza es atreverse a hacer aquello que se teme pero sabiendo que es lo mejor que se puede hacer. Uno se lanza a pesar de todo, digan lo que digan.

Si no confíanos pensaremos en lo peor y daremos por hecho un mal resultado. Si confíanos, aceptaremos lo que pueda suceder pero sabiendo que no tiene por qué ser visto como algo negativo. Lo que vemos como negativo puede tener un motivo positivo para nuestra evolución. Siempre hay un aprendizaje detrás y si nos enfocamos en eso aceptando lo que es, aunque duela…, podremos ver la bendición que hay detrás.

Rendirnos al resultado, aún cabiendo la posibilidad de ser un fracaso, no es resignarnos sino, más bien, dejar de luchar contra lo que tenga que ser. Si creemos que saldrá mal lucharemos por miedo de que así sea y no porque deseamos estar ahí y hacer lo que amamos. Actuar por miedo no es el mejor motivo pero lo hacemos.

¿Cuál es el motivo de lo que hacemos? a veces podemos hacer las cosas por los motivos equivocados… He descubierto lo que es eso y creo que la vida sabe perfectamente lo que realmente nos viene bien. Hará lo que tenga que hacer, aunque un resultado pueda dolernos, si eso hace que veamos lo que tenemos que ver para ayudarnos con nuestro aprendizaje.  Todos venimos a aprender algo…

Vivir en la duda es limitante porque no vamos ni para adelante ni para atrás. También tengo constancia de esa sensación, más de lo que quisiera. Si tomamos una decisión pero tenemos dudas de que haya sido la correcta, no la disfrutaremos como merecemos y tampoco atraeremos lo correcto.  Entonces habrá que soltar, dejar ir…, y hacer un gran acto de fe para confiar en que lo mejor para nosotros será, sea lo que sea. Aunque también podemos tener las cosas muy claras al tomar ciertas decisiones y con el tiempo darnos cuenta de que nos llevaron más hacia un desastre que hacia un beneficio. Probablemente estábamos más en el miedo que en el corazón. Posiblemente estábamos haciendo las cosas por los motivos equivocados. Casi seguro estábamos reaccionando a nuestras memorias.

La buena noticia de esto es que la experiencia tiene el poder de aportar la claridad suficiente como para no querer repetir o saber si los motivos eran los adecuados.

Recordad siempre que nadie aprende por experiencia ajena. Éstas sirven de consejo, como previsión y comparación pero si algo tenéis que vivir, será mejor que lo hagáis siempre que no sea un peligro para vuestra superviviencia, obviamente..

Perder el miedo a vivir se consigue viviendo, aprendiendo de las experiencias... y podemos hacerlo más fácil con la fe.
  • Aprovechar el miedo para aprender de el.
  • Fe en lo positivo y no en lo negativo. 
  • Aprender a confiar y no a huir por miedo.