7 HÁBITOS PARA ACERCARSE A LA FILOSOFÍA MINDFULNESS por Eliseo Goldstein.

 

Podríamos pensar que se trata de una nueva palabreja inglesa que está de moda últimamente. Y sí, pero no. El mindfulness es, además de todo lo anterior, toda una filosofía que va mucho más allá de tendencias aunque solo sea por la sencilla razón de que se refiere a algo que está dentro de nosotros, de nuestra mente. El ‘yo consciente’, ese momento de atención plena que trabaja esta saludable corriente, es mucho más que una esterilla de yoga y un poco de meditación, es algo tan simple y tan bonito (y tan difícil) como vivir el presente, el aquí y el ahora. Y, atento –nunca mejor dicho- que aquí van siete hábitos para lograrlo según el psicólogo clínico Eliseo Goldstein.

 

1. Curiosidad: hay que aprender a apreciar las tareas cotidianas como si fueran experiencias completamente nuevas. Desde observar nuestra respiración en un momento de meditación hasta ver como crece una planta o lo relucientes que quedan los platos al ser fregados. La misma curiosidad que nos provoca algo cuando lo hacemos por primera vez, aplicado a la rutina. Difícil, claro, pero efectivo.

2. Perdón: no hay nada más humano que cometer errores, y lo mejor es que se puede aprender mucho de ellos. No basta con perdonar a los demás, hay también que aprender a perdonarnos a nosotros mismos y seguir adelante. Es como la frase de dar un paso atrás en la vida, sí, pero para coger impulso. Pues eso.

3. Gratitud: ser agradecido nos hace más felices. Y hay numerosos estudios científicos que lo avalan. Aprender a dar las gracias a los demás por hacernos pasar un buen momento, una buena cena o una charla, y por supuesto a nosotros mismos. Un tip: hacer un listado de aquellas cosas por las que estamos agradecidos nos ayuda a materializar aquello de lo que tal vez no somos tan conscientes. Y en el mindfulness no queremos falta de consciencia.

4. Compasión: esta sensación es un sentimiento un tanto controvertido. Notar nuestro propio sufrimiento y el de los demás nos hace ser más compasivos, porque sentimos la conexión de lo que se sufre y nos compadecemos. Aunque tenga una acepción negativa, la compasión es positiva porque nos ayuda en el cuidado de nosotros mismos y de los demás. Así de bonito.

5. Paz: muy ligada al perdón, cuando reconocemos que no todo el mundo es perfecto y que hay muchas cosas que pueden salir mal (y que seguramente saldrán), la sensación de paz que nos invade nos hace ser más felices. No es pasotismo, es aceptación.

6. Vulnerabilidad: ser vulnerables no significa ser cobardes, ni siquiera no poder alcanzar algo. Se trata de abrazar tus propias carencias y aprender a vivir con ellas. En lo que nosotros fallamos, nuestro entorno –amigos, familia, etc.-, nos puede apoyar.

7. Aceptación: no hay sentimiento que provoque una mayor sensación de plenitud que la aceptación. Simple, eficaz y sí, difícil de conseguir, pero no imposible. Hay que ser verdaderamente consciente del aquí y el ahora, lavando los platos o escribiendo este artículo, y aprender a disfrutarlo. Desde luego yo lo he hecho, aunque solo sea escribiéndolo. Por algo se empieza.